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Manuela Puerto: la música es mi vida

06 Jul Manuela Puerto: la música es mi vida

Autor: SOFIA MOLINA

El rostro de Manuela oculta la experiencia que revela su voz. La energía de su mirada y la vitalidad con la que se desenvuelve hace que los años le resbalen por la piel, adoptando la apariencia de una joven de no más de veinte años. Pero cuando la conoces resulta imposible no hacerle la misma pregunta que le han hecho siempre: ¿en dónde te escondes los años? Entonces ella te responde con la sonrisa de quien ya ha previsto tus palabras, como si supiera que desde el momento en que revela su edad es solo cuestión de segundos para que el receptor le abran los ojos en una grata expresión de sorpresa.

El misterio se revela en cuanto la escuchas cantar. La exquisitez, suavidad y potencia con la que su voz envuelve a quien la recibe hace que los años ocultos en su apariencia afloren en el trabajo y en la disciplina que componen su música.

-“La música para mi es mi vida, es a lo que me dedico, es lo que vivo todos los días y es lo que soñé desde chiquita”- afirma Manuela.

 

 Tomado de Audiotrópico: “Oye, sesiones en vivo”

Desde que tenía cinco años está forma de expresión artística compone sus días. Sus primeros recuerdos los vivió en compañía de sus abuelos, rodeada de las canciones entonadas por su tía abuela y el amor que entre todos compartían por la música de la antigua cuba: el bolero. Más adelante, y luego de haber tomado clases particulares de guitarra, el amor que manifestó por el canto la llevó a Piccolo, academia que la vio crecer y que hoy en día la acoge profesionalmente, proporcionándole los medios para dictar clases de técnica vocal.

Al narrar su experiencia, Manuela se encoje de hombros al decir que ella nunca sintió la frustración de muchos cuando se acerca la llegada a la universidad, al saber desde pequeña que la música iba a ser su área de estudio. Y es que para ella no existe una distinción entre una vida profesional y una personal, sino que la música es un elemento que ella no puede separar de sí misma. La técnica vocal hace parte de su proceso de formación, es aquello que trabaja todos los días y que vive en cada aspecto de su vida.

 

 Tomado de Audiotrópico: “Oye, sesiones en vivo”

– “Yo creo que como músico uno tiene varios espacios, ¿no? Tiene el espacio de vivir en su intimidad con su música, como en este matrimonio de: me levanto, estoy brava con mi voz, no me gusta lo que hago o, por el contrario, hoy estoy enamorada de ti y quiero ser contigo el resto de mis días. Tienes el espacio en el que creas la música, la haces, compones, te sientas con tus amigos, tocas tus canciones, armas la música, que eso es algo también pa’ uno, alimento pa’ uno… Y está la otra cosa, y es que todo esto se lleva a un escenario y un concierto para mi termina siendo la interacción entre dos masas, dos entes: el publico y uno. Pero no puede existir el uno sin el otro. Es una comunicación constante, y es ese dar y recibir lo que le otorga sentido a todo, sino ¿pa’ que hacemos conciertos, si solo estamos dando?”

 

Tomado de Manuela Magnolia: “De cuando a acá”

Para Manuela, uno de los aspectos más bellos de la música es que posibilita un espacio de retroalimentación y de diálogo. Al comprenderla como lenguaje -como un sistema de códigos que posibilita una manera de hacer visible el mundo y que determina cómo expresamos esa tangibilidad y la forma en que nos posicionamos como sujetos ante ella-, se produce un lugar donde es posible ligar lo decible y lo visible, las palabras- o en este caso los sonidos- y las cosas. Al ser lenguaje, la música comunica dos entes y en esa comunicación se produce un proceso de formación y transformación que afecta ambas partes, un algo dialogico en donde yo aprendo y tu aprendes, yo cresco y tu creces.

Lo mismo sucede en la docencia. Para Manuela, una clase le otorga tanto a ella como a su aprendíz. Al trasmitir su conocimiento puede ver la manera en que ese otro toma aquello que ella ya aprendió, y lo aprende a su manera. Entonces es como la improvisación musical:

-“A través de generar ideas en tiempo real, que es de lo que se trata la improvisación, me permito conocer mi lenguaje y ver cómo es ese lenguaje para la música desde mí”.

 

Tisú en concierto Jackass Rock Bar (2010)

Pero esas ‘ideas en tiempo real’ necesitan de un lenguaje previamente aprendido donde puedan estructurarse, que es el código que Manuela enseña en sus clases, que es la teoría y la técnica musical de cada instrumento. Y, así como yo puedo conocerme utilizando aquellos códigos a mi propia manera, también puedo aprender de la forma en que otro crea y recrea con ellos. Por tanto en un concierto como en una clase ambos entidades (músico-publico, músico-estudiante) se mueven bajo la misma expectativa: ¿qué me puede enseñar ese otro sobre el lenguaje, sobre la música?

De esta manera, la música como lenguaje, como pasión, como disciplina que posee sus propios ordenes y que permite un espacio de interacción y formación entre dos unidades, proporciona los medios para conocer y dar a conocer. Para ser en y ante el mundo.

 

 

-“Es una manera de interactuar, es una manera de conocerse y es, por así decirlo, la forma de plantearte a ti mismo en la música. Estableces una comunicación con los otros a través de tus ideas musicales y a la vez muestras tu perfil como músico”.

Estos dos flancos en los que Manuela vive su vida musical -como interprete y como docente-la han formado como persona, han sido testigos y elementos esenciales de su maduración. Hoy en día, Manuela no puede sino mostrarse agradecida ante las experiencias que ambas orillas le han otorgado. Por un lado, sus vivencias como profesora le han enseñado nuevas formas de aproximación a la música y a sí misma. La enseñanza del canto desde el cuerpo es un elemento crucial en el programa de sus clases, y es que para Manuela el cuerpo es el instrumento de la voz.

 

Tomado de Audiotrópico: “Bloque C en vivo” 

-“Empecé a darme cuenta que físicamente mi cuerpo necesitaba trabajar para que mi voz funcionara mejor. Te estoy hablando de ver el instrumento como una infraestructura. Al igual que una guitarra, que para que suene bien la tengo que coger, limpiar, cambiarle las cuerdas…, la voz necesita de un mantenimiento corporal. Y esa perspectiva de la voz como instrumento físico te obliga a trabajar con tu cuerpo de una manera que tu puedas concientizarlo todo el tiempo y entender la acción de la respiración y la proyección y demás. Así que me embalé con el tema del cuerpo y empecé a hacer yoga. De allí surgió un vinculo muy grande entre ese trabajo corporal y ese trabajo de técnica, y eso me ayudó también a transmitirlo como conocimiento en mis clases”.

Por otro lado, están Tisú, Audiotrópico y Manuela Magnolia, tres proyectos musicales en los que Manuela se ha formado como interprete y ha encontrado el espacio para componer y dar a conocer su trabajo como artista ante un público. Si bien Audiotrópico es la banda con más experiencia y visibilidad ello no desmerita a Tisú y Manuela Magnolia, que son proyectos más pequeños e íntimos. Para Manuela, los tres proyectos representan formas distintas de aproximarse a la música.

Audiotrópico encarna la diversidad al combinar varios géneros y al ser una orquesta que ha acogido entre siete y nueve integrantes provenientes de todas las regiones del país. Es una agrupación nacida desde la vanguardia y construida mediante la colaboración, el sudor y participación de todos sus integrantes. Mientras que Tisú y Manuela Magnolia son dos proyectos que, a pesar de su distancia temporal, van de la mano.

-“Manuela Magnolia surge, literalmente, de una necesidad de vomitar todo lo que tengo adentro hace muchos años. Yo te hablé ahorita de que antes de Audiotrópico tuve una banda que se llamaba Tisú. Tisú eran las canciones que componíamos con Ricardo Osorno y Nicolás Mejía, que es el actual guitarrista, y un baterista que era Juan Camilo Molina. Yo les mostré unas canciones que yo tenía y empezamos a componer todos juntos. Luego se fueron Juan y Nico y allí fue cuando llegaron Alejandro Luna y William Pérez. Se daba un montón lo de la improvisación. Nos sentábamos a jammear una noche entera y a componer entre todos. Fue una nota. Y lo que pasó fue que yo no creía en eso, ¿sabes? También como cantante a veces uno no cree en lo que hace como músico… entonces lo empecé a dejar, a dejar y a dejar… y comencé a cantar en Audiotrópico, que era una banda más grande, que se movía más. Entonces me dije que el tiempo no me alcanzaba para las dos cosas, pero a partir de ese momento se comenzó a crear en mí un vacío como de: le dijiste a Tisú que ibas a volver y no has vuelto… y al siguiente año: Tisú ya no existe. Y al tercer año: ¡pero ahí tienes guardadas siete canciones en un cajón sin grabar y sin hacer nada! Y así fue pasando el tiempo, siempre postergando.

Hace unos años tuve una experiencia personal en mi vida que lo cambió todo y en ese momento ya empezó mi idea seria al decir: no más, necesito que este personaje que me ha acompañado salga a la luz y diga: ésta es mi música. Entonces estoy muy feliz porque siento que pudo haber empezado antes pero por algo empezó ahora, y ahora tengo una idea más tranquila. No estoy tan ansiosa en saber si va a funcionar o no, sino que necesito escupirlo ya, sin importar nada. Y eso me gusta, me tiene así, jalándome en esa intención”.

Puede decirse que Manuela es música. Sus actividades, pensamientos, movimientos y manera de ser están atravesados por está forma de expresión. Su experiencia se ve reflejada en el ímpetu y la maestría con la que hoy se desenvuelve dentro del lenguaje musical, elementos que tan solo el tiempo permiten construir y que Manuela se ha encargado de fusionar consigo, produciendo a una mujer que se ha convertido en la pasión que le otorga movimiento a sus días.

 

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