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El arte desterrado

20 Jun El arte desterrado

Autor: SOFIA MOLINA

Dicen que Palermo se reconoce por su arquitectura y es que al transitar por sus calles es imposible ignorar el espíritu que evocan las grandes casas victorianas, fantasmas de una ciudad que en la época de Olaya Herrera estaba en la búsqueda por reinventarse a sí misma. La combinación entre el tradicional ladrillo bogotano y las entonces nuevas formas europeas pretendía renovar los esquemas españoles y hacer de la ciudad una capital digna de su nombre. Hoy en día este espíritu de innovación se revive en lo que es Casatinta, un proyecto que desde los confines del parque Gernika busca transformar la escena cultural bogotana y colombiana mediante la apertura de un territorio para la ilustración y la imagen gráfica.

 

 

-Lo que pasó es que no había un espacio que fuera relevante y serio para ilustración- me comienza a decir José Rosero cuando le pregunto sobre el surgimiento de Casatinta-, y entre Diana, Miguel y yo buscamos fundar un espacio para que el tema floreciera y las personas involucradas entendieran que se puede trabajar y hacer proyectos en torno a esta disciplina.

Estamos sentados en el Café Pedro Melenas y desde allí se alcanzan a ver los grafitis que acompañan la fachada de Casatinta. Entonces pienso que es un espacio donde la ilustración emerge desde todos los frentes y en todas sus formas. Desde el mural que ocupa la parte posterior del Café hasta la sala de exposiciones en la habitación continua donde se está dictando un taller, pasando por la biblioteca Lucho Rodríguez, subiendo al segundo piso por la escalera de caracol y habitando en la mentalidad y experiencia de quienes ocupamos la casa, pues es imposible entrar a Casatinta y no pensar en imagen.

-La primera casa fue cerca al Parkway, una casa de tres pisos la mitad del tamaño de esta… digamos que ahora no es novedoso hacer talleres y demás por lo que hay mucha oferta, pero en el momento solamente estaban los talleres de Claudia Rueda y Rodez, que los hacían por intención personal en distintos espacios y mucha gente estaba interesada en tomar cursos en torno al tema de la ilustración. Las universidades tampoco ofrecían… ¿José, nos vemos ahora para reunión?- interrumpe un hombre de camisa azul- Sí, ahora nos vemos.

José es el director general y esta pendiente de todo. Mientras conversamos sus ojos recorren el lugar con la propiedad de quien sabe lo que está sucediendo. Me impresiona la capacidad que posee para salirse y volver a entrar en nuestra conversación sin perder el hilo de la misma. Toma un sorbo de café y aprovecho el silencio para preguntarle sobre la distribución del trabajo y las funciones de cada uno. Me cuenta que Diana es la encargada de la galería, la tienda y proyectos externos, mientras que Miguel los ayuda con el diseño general y él se encarga de organizar los talleres y el congreso internacional de ilustración.

 

 

-¿Cómo ha sido tu experiencia al colaborar con artistas nacionales e internacionales? ¿Qué tan difícil ha sido establecer el contacto y la financiación?

-Los colombianos son más complicados a tratar que los internacionalistas… es una cosa muy extraña. Lo que me he dado cuenta con los internacionales es que les gusta viajar, si son gringos o europeos ellos saben que la economía acá no da para poder pagarles millones de dólares… ¿tú eras la que estaba gritando?- le pregunta a una chica que viene a verificar si queremos más café- Seguramente… que verraca… Emm saben eso y les interesa conocer el país y como se mueve la escena. Los latinoamericanos también. Latinoamérica es como una relación de hermandad y hemos traído a casi todos los reconocidos latinoamericanos. Con los europeos es por correo o a persona, pero en general no son difíciles. Y en la parte de financiación casi siempre asumimos el riesgo. A veces logramos el apoyo de embajadas o universidades, pero normalmente con el taller cubrimos gran parte de lo que significa la inversión.

Casatinta es producto de un largo y complejo proceso, una casa construida con el sudor y el esfuerzo de sus integrantes. José me dice que el problema casi siempre es económico, pues para él está claro que la cultura nunca va a dar todo para lograr sostenibilidad económica y menos al estar enfocados en un tema como la ilustración.

 

 

Y es que la ilustración siempre ha sido como el arte desterrado. Forma parte de un círculo muy pequeño y eso hace difícil mover las cosas. Con Casatinta hemos logrado que la máquina se mueva un poco.

Le comparto mi opinión acerca de como las casas culturales posibilitan un espacio para la creación de comunidad en torno a una misma pasión y a un mismo interés. José asiente con la cabeza y aprovecho para preguntarle cuál es la postura de Casatinta frente a la integración de varias disciplinas en la construcción de una misma obra. A lo cual me responde con varios ejemplos de proyectos en los que han buscado este tipo de integración. Actualmente están trabajando en un micro teatro ilustrado realizado en torno a Los pequeños macabros de Gorey, un abecedario de niños que mueren.

 

 

-La verdad nosotros en los talleres y demás no estamos cerrados a la técnica, sino que si alguien trae otro tipo de disciplina la idea es que se pueda aceptar. Creo que estamos en una época en la que eso es normal y es aceptable… en realidad nos gusta mucho cuando la gente empieza a hacer ese tipo de mezclas. Inclusive en las exposiciones que hacemos acá permitimos eso, si alguien tiene una propuesta que va más allá ¡fantástico!

¿Y qué opinas de la colaboración en las exposiciones? comienzo a decir y le explico que al hacer una exposición colectiva puede perderse el concepto particular que se quiere desarrollar porque…

-Lo colectivo es lo más fácil de hacer- me interrumpe José emocionado por el tema-. Las colectivas para mi son como un corte de cómo está el trabajo de la gente en ese momento, entonces tú dices ‘¿qué será de tal ilustrador? Veámoslo en una colectiva para ver en qué anda’. Pero si la colectiva tiene una intención puede mejorar un poco la cosa. En Casatinta hacemos y seguiremos haciendo colectivas, pero tratamos que giren en torno a una temática especifica. De resto son exposiciones individuales.

Ya han pasado veinte minutos y José es un hombre ocupado. Le pido que me responda una ultima pregunta acerca de las proyecciones de Casatinta en el futuro, y de sus metas a corto y largo plazo. Suspira al decirme que le encantaría tener más manos y mentes que trabajaran en contenido y pagarles por eso.

 

 

-El problema es que el contenido es de las cosas más largas y complicadas de hacer, pero ahí vamos. Y lo otro es que estamos buscando sacar la parte editorial, siempre lo hemos intentado, pero ahora vamos a arriesgarnos un poco- me dice tomando un último sorbo de café.

Como Palermo, que alguna vez fue un espacio de interacción entre varias culturas, religiones y costumbres al albergar gran cantidad de inmigrantes refugiados de las guerras, Casatinta reúne diferentes perspectivas y modos de habitar el mundo. Es un espacio donde la cultura vive por medio de la pluralidad de quienes lo habitan. Un territorio que crece en sincronía con las personalidades que lo ocupan y que se nutre de las experiencias, proyectos y pasiones de quienes cruzan sus puertas.